Por qué estar en todas las redes sociales no siempre aporta valor y cómo decidir dónde comunicar con criterio.
En muchas empresas la presencia digital se construye por inercia. Se abren perfiles en distintas redes porque “hay que estar”, sin una reflexión previa sobre su real aporte al negocio. Con el tiempo, esa presencia se vuelve difícil de sostener y, en muchos casos, poco efectiva.
Estar en una red social no equivale a comunicar estratégicamente. Cada canal exige contenidos, ritmos y lenguajes distintos. Cuando no existe una decisión clara detrás, los mensajes se dispersan, los esfuerzos se multiplican y el impacto se diluye.
Este escenario es especialmente frecuente en empresas B2B y organizaciones de base técnica o tecnológica, donde muchas veces se priorizan redes que no dialogan con las audiencias clave ni con los procesos reales de toma de decisión.
Menos presencia, más foco
Elegir bien los canales implica definir dónde tiene sentido estar y, también, dónde no. En la práctica, concentrarse en uno o dos espacios bien gestionados suele ser mucho más efectivo que intentar cubrirlos todos de manera superficial.
Vale la pena preguntarse si los canales que hoy utiliza la empresa están alineados con sus objetivos, sus audiencias y su capacidad real de sostener una comunicación consistente en el tiempo. No siempre el problema es comunicar más, sino comunicar mejor y en los espacios correctos.

